Persecución, la acción de perseguir, reprimir o criminalizar el uso de criptomonedas por parte de autoridades estatales. También conocida como represión cripto, es una realidad en países donde el control financiero es absoluto. En estos lugares, poseer Bitcoin o usar una billetera descentralizada no es un acto técnico: es un acto de resistencia. No se trata de que las criptomonedas sean malas. Se trata de que los gobiernos no pueden controlarlas. Y cuando no puedes controlar algo, lo prohibes. Pero prohibir no lo hace desaparecer. Lo vuelve más caro, más peligroso y más atractivo para quienes no tienen otra opción.
En China, un país que impone una prohibición total de criptomonedas desde 2021, incluyendo posesión, intercambio y transferencia al extranjero, el precio de Bitcoin en mercados informales sube hasta un 80% más que en el resto del mundo. ¿Por qué? Porque la escasez forzada crea valor. La gente paga más porque no tiene alternativa legal. En Afganistán, donde el acceso a bancos es limitado y las remesas son vitales, las criptomonedas se usan para enviar dinero a familiares en el extranjero, a pesar del riesgo de ser detenidos. Aquí no se trata de inversión: se trata de supervivencia.
La prima ilegal, el diferencial de precio que surge cuando una criptomoneda se negocia en el mercado negro por encima de su valor de mercado no es un fenómeno teórico. Es algo que ves en chats privados, en mercados de WhatsApp, en transacciones entre conocidos. No hay exchange, no hay KYC, no hay garantías. Solo confianza y riesgo. Y aún así, la gente sigue. Porque cuando el sistema oficial te cierra las puertas, el sistema descentralizado se convierte en la única salida.
Lo que ves en estos casos no es una falla de la tecnología. Es una falla del poder. Las criptomonedas no fueron diseñadas para evadir leyes, pero sí para funcionar sin permiso. Y cuando un gobierno las persigue, lo que realmente está persiguiendo es la libertad financiera. En estos contextos, cada transacción en Bitcoin es un pequeño acto de autonomía. Cada airdrop que se reclama en secreto, cada wallet que se guarda en un dispositivo offline, cada transferencia cruzada frontera es una forma de decir: "no me puedes controlar".
Lo que encontrarás aquí no son guías para evadir la ley. Son relatos reales de lo que pasa cuando el poder intenta borrar lo que no puede dominar. Historias de personas que usan criptomonedas en países donde es ilegal, de airdrops que se esconden en redes oscuras, de mercados negros donde el precio no lo fija Binance, sino la desesperación. No hay moralidad aquí. Solo supervivencia. Y en ese espacio, la tecnología no es un lujo: es una herramienta de resistencia.
Algunos países persiguen a usuarios de criptomonedas con penas de prisión, otros los gravan con impuestos del 30%. Descubre dónde es más peligroso usar cripto y dónde aún puedes hacerlo con seguridad.
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